martes, 31 de enero de 2017

Para aclarar

Para aclarar

Hola somos los autores de esta obra que cuenta como nota en nuestra asignatura de lengua castellana.
     ·        El color Naranja lo ha escrito nuestra compañera Eva.
     ·        El color Azul lo ha escrito nuestra compañera Esther.
     ·        El color Rosa lo ha escrito nuestra compañera Alba.
     ·        El color Verde lo ha escrito nuestro compañero Iván.

Esos es todo.

Blanco


Blanco

Me desperté sudando de golpe. Cuando vi esa muñeca en la encimera de la cocina, creo que perdí el conocimiento. Ese pensamiento me puso nerviosa. Aunque quizá no fue demasiado comparado con mi ataque de nervios cuando intenté levantarme y me vi atada a la cama con esos cinturones marrones. Marrones, el único color que parecía tener a mi alrededor. Una habitación blanca, sin ventanas, una cama blanca con sábanas blancas, yo llevaba una especie de vestido blanco, en la pica de mi lado había un jabón de manos de color blanco. Su olor me ponía de los nervios.

Conseguí soltarme de una de esas correas que me contenían sobre la cama, y me levanté. En el suelo había unas zapatillas blancas poco cómodas. Al levantarme, casi me caigo de nuevo, por un momento del mareo. ¿Cuánto llevaría en esa cama? ¿Horas? ¿Quizá días? ¿Dónde estaba siquiera? No reconocía ese lugar.

Dentro de unas botellas blancas en una mesita, había algo que olía a leche de soja. En ese punto, que no fuera tal cosa no me importaba, tenía hambre como para comer o beber cualquier cosa. Le di un trago, no sabía a nada, pero al menos me llenaba. Con algo más de fuerzas para moverme, empecé a observar mejor mí alrededor. Vale. Calma. Piensa. ¿Qué es lo más obvio en este lugar? La puerta. Había una puerta con una ventanita cerrada. Llamé para comprobar si tenía suerte de obtener alguna respuesta de dónde estaba. Sin respuesta. Respiré profundamente, y volví a probar. Alguien preguntó desde fuera qué me pasaba.

Estuve unos segundos asimilando la respuesta que recibí. Me dijeron que me desmayé en algún momento hace poco tiempo. Mi falta de buen sueño había destrozado mi percepción de paso del tiempo, así que no sabía qué día, semana, mes o punto del tiempo era. Lo último que recuerdo es esa “LoliDoll”. Recordé de golpe muchas cosas. Muchas preguntas de muchos hombres y mujeres con bata blanca y una carpeta y un bolígrafo en mano, apuntando lo que decía. Recuerdo todo el mundo no escuchando que esa cosa estaba maldita. Recuerdo que nadie escuchaba que me seguía. Acusaciones de que eran imaginaciones mías. No me escuchaba nadie. Todos buscaban una forma racional de explicarlo todo, yo simplemente intentaba deshacerme de esa cosa.




Me desperté sudando de golpe. Cuando vi esa muñeca en la encimera de la cocina, creo que perdí el conocimiento. Ese pensamiento me puso nerviosa. Aunque quizá no fue demasiado comparado con mi ataque de nervios cuando intenté levantarme y me vi atada a la cama con esos cinturones marrones. Marrones, el único color que parecía tener a mi alrededor. Una habitación blanca, sin ventanas, una cama blanca con sábanas blancas, yo llevaba una especie de vestido blanco, en la pica de mi lado había un jabón de manos de color blanco. Su olor me ponía de los nerv... espera. Algo aquí falla. Recuerdo ese olor. Recuerdo ese color blanco. ¿Cómo puedo saber soltarme de cinturones colocados como una camisa de fuerza?

He pasado por esto antes. ¿Cuántas veces he pasado por esto antes? ¿Qué es un sueño y qué no lo es? Necesito pensar.

Qué hace esa muñeca en la mesita.


lunes, 30 de enero de 2017

La Verdad


La Verdad


Tuve una terrible pesadilla, veía como mi muñeca tenia maniatado y amordazado a mi hermano en una silla. Ella tenía una sonrisa extremadamente siniestra y unos ojos profundos y sin vida, en su mano llevaba un cuchillo de cocina y dijo algo como:

- ¿Quieres jugar?- Mientras reía desquiciadamente.

Mi hermano tenia cara de miedo y sus ojos estaban llorosos. Pero lo más extraño fue que en un lado de la pared, se veía la sombra de una chica, por la forma que tenía debía ser una niña o adolescente.

Luego me desperté y grité el nombre de mi hermano, pero no vino, así que supuse que debía de estar dormido. Me quedé mirando a la muñeca, la cual cada vez me daba más miedo.

Fui a la habitación de mi hermano, abrí la puerta y vi que no estaba dentro de su cama. Me preocupé y fui corriendo a despertar a mi madre:

-Mama, ha desaparecido Lian- dije histéricamente a mi madre.

-Mmm… ¡¿Qué?!- preguntó ella aún medio dormida -¡Eso debe ser imposible, hace unos minutos lo vi dormir!

-No estaba cuando he ido yo – dije confundida

Entonces, mi madre se levantó y ambas fuimos a buscar a mi hermano por toda la casa. Fue inútil, no lo encontramos.
Mi madre decidió llamar a la policía, ellos lo encontrarían más fácilmente.

Al día siguiente, después de salir del colegio, decidí buscar información sobre mi muñeca. Cogí mi ordenador y busque en el navegador “muñeca antigua LoliDoll” sabía que ese era su marca porque lo ponía detrás de su nuca.

Después de muchos resultados, encontré algo que me impactó, era un artículo antiguo con una fotografía del periódico el cual no ponía su nombre pero tenía un espeluznante titular  “Muñeca LoliDoll asesina a una familia”.
En el artículo decía que esto sucedió en 1965, también hablaba de que la hija más pequeña desapareció y que nunca se encontró su cuerpo.

En otra página, hablaba de un caso más reciente, de aproximadamente de los noventa. Era un caso muy parecido al primero, iban desapareciendo uno por uno y luego los iban encontrado muertos excepto el último miembro de la familia que acaba desapareciendo y nunca se encontraba, eso me hizo recordar mi sueño. << ¿Y si es verdad que esa muñeca tiene algo que ver con todo lo esta sucedido?>>
Mi hermano sigue desaparecido, según los investigadores no hay rastro de él y eso me preocupa bastante. Sé que todo esto tiene que ver con esa muñeca, pero me tomarían por loca si les cuento eso, así que mejor investigare sola, por mi propio camino.

Fui a la tienda de antigüedades con mi muñeca, allí seguro que sabrían algo más.

Le dije a la dependienta que quería que me informará sobre la inquietante muñeca, intuía que por su cara asustadiza que sabía del tema.

- ¿Cómo conseguiste la muñeca?- Dijo ella.

- Me la encontré en casa de mi abuela cuando ella murió – dije desanimada

- Uy, lo siento… - Se disculpó la amable dependienta – Por lo que sé, cuando yo era una niña mucho más pequeña que tú, esa muñeca se comenzó a venderse, todas las niñas querían una. Era una preciosidad pero era algo cara y pocos se lo podían permitir. Tiempo más tarde, hubo un asesinato múltiple y todos comenzaron a decir que era esa muñeca estaba poseída, Ese rumor se hizo tan famoso que los fabricantes las dejaron de hacer. La gente por el temor, las quemaron o las tiraron a la basura. Yo nunca tuve la suerte o desgracia de tener una. Según dicen hay una maldición, primero muere un amigo del propietario y luego cada vez que encuentran a un miembro de la familia, que viva en el lugar donde resida ella, asesinado por la muñeca desaparece otro.

- Vaya, usted sabe bastante de eso… - En ese momento estaba impresionada por todo lo que acababa de escuchar.

- Hazme caso, deshazte de esa muñeca, una vez escuché que si se la regalas a otra persona, no desaparecerá nadie… ¿Por cierto ha desaparecido o ha muerto alguien de tu familia?

- Murió mi abuela, una amiga mía y ha desaparecido mi hermano, espero que a él no le pase nada….- Dije aterrorizada.

- Deshazte de esa muñeca del demonio dándosela a otra persona que no sea de tu familia. Preferiblemente a alguien que sea adulto y sin hijos, ya que la muñeca solo quiere destruir las familias con niños. ¿Has oído hablar de cómo se originó la maldición? - Dijo la vieja y amable dependienta

- No, ¿Cómo sucedió?- La miré con ganas de saber esa historia.

- Pues resulta que en los años sesenta, cuando se lanzó esta muñeca, había una niña que asesinó a su familia, en esos tiempos era muy raro ver un asesinato y más de una pequeña. Esa chica, tenía aproximadamente unos 12 años, y cuando la policía la detuvo ella declaró que lo hizo porque odiaba a su familia ya que siempre pasaba el día sola con su muñeca, su familia era de clase alta y por eso tuvieron el lujo de permitirse comprar esa muñeca. La chica se llamaba Lucia y llamó a su muñeca Charlotte. Lucia llegó a decir que su muñeca Charlotte le dijo que tenía que matar a su familia. Lo último que se supo de ella fue que se suicidó y su muñeca fue vendida.

- Es una interesante historia, pero debo de volver a casa se me ha hecho tarde - Me despedí rápidamente y dejé, a posta, la muñeca en la tienda.

Corrí hasta mi casa, no quería llegar tarde, pero cuando entré no estaba mi madre. Entonces es cuando recibí una llamada de la policía de que encontraron a mi hermano muerto, con un cuchillo de cocina que había sido brutalmente clavado en su cuerpo con malicia varias veces. Recordé el sueño, por suerte la muñeca la dejé en la tienda.


No, era imposible. Se supone que me la “descuide” en la tienda de antigüedades ¿Qué hace mi muñeca en la cocina?

domingo, 29 de enero de 2017

Asesinato

Asesinato

Me vestí a la velocidad de la luz baje las escaleras saltando aunque casi me mato. En el comedor había un espléndido desayuno pero yo solo cogí una tostada porque no me daba tiempo a desayunar.

¡Me voy! – Grite al cerrar la puerta

- Demonios llego tardísimo. – Dije en un susurro para mí misma.

Cuando llegue a clase no me atrevía abrir la puerta, trague saliva y la abrí por suerte parecía que el profesor aún no había venido.

Aahh… – Suspire bajando la cabeza relajándome.

Vi un asiento libre así que me disponía sentarme pero una chica morena con ojos violetas llamada Catalina me dijo:

No te puedes sentar ahí, recuerda que se sienta Diego.



En su forma de hablar había una cierta arrogancia y cansancio. Sin decir nada me fui a la parte de atrás en otro asiento vacío. Me desplome en la silla cansada por no haber dormido bien. Una vez recuperado el ánimo no sabía qué hacer, me deje el móvil en casa de la prisa que tenía. 

Por suerte el timbre sonó en ese instante, aunque todos seguían hablando, parece que no les importo en absoluto. Pero minutos después un profesor viene y todos corren a su sitio correspondiente, igual que yo, me sentaba con mi mejor amiga Celeste. Me pongo recta en la silla, cojo los libros de filosofía y el estuche de la mochila.

Buenos días alumnos empecemos con el temario de hoy, abrid el libro por la página 131, por favor.

Dijo con una voz extremadamente calmada y pausada, para luego girarse coger una tiza para escribir en la pizarra. Este profesor es de los que escriben lo que hay en libro y no explica nada. Abrí la libreta por la primera página que estaba en blanco, abrir el estuche agarrar los bolígrafos azul, negro y rojo para escribir todo lo que había en la pizarra.

Por fin después de cómo gastar tres páginas de mi libreta se gira, pero cuando abre la boca para decir algo suena la campana. Enseguida recoge las cosas y se va, sin decir nada.  << Qué raro. ¿Iría a decir algo antes de irse? >>

Bueno lo deje pasar, porqué otro profesor, que en este caso, es una profesora muy alegre se puso en frente a mí.

 Leila ¿Verdad? – Pregunto con una sonrisa de oreja a oreja

 Sí – << ¿Es que he hecho algo malo? >>

 ¿Por qué no sacas los libros de catalán?

Me quede sorprendida, observo mi mesa  sigo teniendo el libro de filosofía y la libreta, rápidamente cojo el libro de lengua catalana y vuelvo a poner el libro de filosofía con su libreta correspondiente en la mochila.

Esta hora se me paso volando ya que la profesora Abril solo explico un par de cosas y puso muy pocos ejercicios. Me levante de la silla para recoger la libreta y el estuche, ya que tenía que darme prisa porque tenía mucha hambre y alcanzar a Celeste que se me había adelantado.

Cuando estaba en la puerta de mi casa me despedí con la mano hasta que Celeste se giró para seguir con su camino. Abrí la puerta.

¡Hola ya estoy aquí! - <<Parece que no hay nadie, voy a ver si han dejado alguna nota>>

Me dirigí hacia el comedor encontrando dos  notas:

Hola cariño soy mama voy a llegar tarde por asuntos del trabajo tu hermano te preparara la comida.
Besos y abrazos

Firmado: Mama

Hola pequeñaja soy tu hermoso hermano llegaré tarde porqué he quedado con unos amigos te he dejado un taper de comida en la nevera solo ponlo en el microondas.

PD: NO PONGAS EL TENEDOR DENTRO DEL MICRONDAS.

Firmado: Tu hermoso hermano

No hacía falta que lo pusiera con mayúsculas eso ya lo sé, no soy una niña pequeña. Fui hacía la cocina me pegue un susto de muerte, retrocediendo un paso, casi grito, al ver a la muñeca encima de la encimera, estoy segura que la puso mi hermano para asustarme. No le di importancia agarre la muñeca y la puse en mi habitación, donde estaba, bajé como siempre saltando las escaleras esta vez cayendo bien. Voy hacía la nevera, veo un taper lleno de espaguetis con salchichas y tomate, me lo como deprisa hago los deberes a la misma velocidad en la que comí y enseguida cojo el móvil para quedar con Celeste.

El día pasó como siempre. Al día siguiente por la mañana al entrar en clase veo a todos llorar, tristes, yo desconcertada le pregunte a Catalina:

 ¿Qué ha pasado Catalina? ¿Por qué lloran todos?

- ¿No lo sabes? Celeste a muerto desmembrada anoche, en su casa con su familia  – Dijo llorando desconsoladamente, tapándose la cara con sus manos.

<< ¿¡Que!? ¡No, no, no puede ser! Si ayer mismo le acompañe hasta su casa ¿Cómo pude ser? >>

Me derrumbe en un mar de lágrimas cayendo de rodillas al suelo sin todavía poder creerlo. Después de eso las clases se suspendieron, caminando hacía casa con mi mirada clavada en el suelo, recordaba una y otra vez lo que pase ayer con ella, sonriendo y haciendo el burro.                                                                                       
No podía creérmelo, simplemente no podía. Una vez en frente de la puerta de entrada abrí la puerta intentando contener las lágrimas que me molestan en los ojos.

 Hola cariño, ya me entere en las noticias lo de tu amiga y su familia  ¿Estas bien? – Dijo mi madre con una voz dulce para tranquilizarme, con la mirada preocupada y camino dirección a mí dándome un abrazo.

Sin poder decir nada, llore desconsoladamente con un llanto ahogado, me agarre fuertemente de la camiseta de mi madre, me sentía triste, impotente por no haberle dicho algo más, también sentía rabia quería matar al responsable a sangre fría hacerle lo que le hizo a Celeste, sentía dolor en mi pecho como si me apuñalaban una y otra vez sin descansó.

Mi madre, se alejó para terminar el abrazo que duro unos minutos, me fui directamente a mi habitación tan rápido como un gato que huye del agua. Me desplome en mi cama quitándome las botas para volver a llorar desconsoladamente, hasta que me dormí. Cuando desperté veo como la puerta se abre y seguidamente mi hermano. Sin encender la luz se sentó a un lado mío.

- Hola pequeña – Dijo con su voz tranquila, protectora como si hablase con su propia hija haciendo el rol de padre.

No dije nada pero el continuo.

- No te preocupes la policía está trabajando muy duro en este caso.

-Y eso que importa, no volverán  ni ella ni la abuela. – Dije con una voz ronca por haber llorado mucho.

 Es verdad, pero al menos se ara justicia y no matara a nadie más. –Dijo con la misma forma en que comenzó la conversación.

- ¿Quieres comer algo? – Pregunto, cambiando de tema pero preocupado.

- No – Dije con un hilo de voz.

Se levantó y silenciosamente se dirigió hacia la puerta muy despacio sin hacer el mismísimo ruido. Sucesivamente los ojos me pesan, los cierro muy lentamente hundiéndome en un sueño pesado y amargo.      


sábado, 28 de enero de 2017

El primer encuentro

El primer encuentro

Esta historia comienza cuando encontré una muñeca de porcelana en la casa de mi difunta abuela, en unos de los armarios de su habitación. La muñeca tenía el pelo marrón como el café, sus ojos era de un color rojizo y llevaba un vestido negro con pliegues blancos y un sombrero a juego.

Cuando la toqué noté un escalofrió que recorrió toda mi espalda, pero no me importo. Me gustó la muñeca y me la pensaba quedar, así que la llevé al salón donde se encontraban mi madre, mi tío David y mi hermano mayor, Lian, empaquetando las cosas porque la casa iba a ser vendida pronto. 


- Mamá ¿Puedo quedarme con esta muñeca, por favor? - Pregunté con entusiasmo y alegría. 

- ¿De dónde la has sacado? - Me preguntó mi mamá con curiosidad.

- Del armario que hay en la habitación de la abuela pero, ¿me la puedo quedar? ¿Sí o no? 

 Sí cariño, te la puedes quedar. - Me dijo mi madre con una pequeña sonrisa esbozada en su rostro. 

¡Gracias mamá! ¡Eres la mejor!

 De nada, bueno coge tus cosas que nos tenemos que ir. 

 Sí, ya voy.

Me dirigí hacía la habitación en la que yo dormía cuando solía quedarme a dormir en casa de mi abuela. Era una habitación pequeña; a la derecha había un armario empotrado, era de madera, viejo y de un tono similar al marrón oscuro, al lado había una silla donde se sentaba mi abuela cuando me leía el cuento de buenas noches, a la izquierda estaba la cama con las sábanas de un color azul marino que hacía juego con las almohadas, en la pared, sobre la cama, había un cuadro con una foto de mi abuela de cuando era pequeña, sentada en una silla. Ella tenía una sonrisa brillante, mi bisabuela se encontraba detrás, con una sonrisa algo más seria y formal.

- Ah... -Suspiré pensando en que todo seguía igual.

Cogí el abrigo poniéndomelo para después ponerme el bolso. Sujeté otra vez la muñeca que, posteriormente, dejé en la cama para ponerme las cosas y nuevamente sentí ese escalofrío en mi espalda.

- Vamos cariño, que tenemos que irnos.

- Sí,  mamá. 

Dejé esos pensamientos de lado y me dirigí hacía la entrada. Vi a mi hermano ya aguantando la puerta del ascensor, a mi tío esperándome en el pasillo y a mi madre aguantando la puerta para que no se cerrara de un golpe por la corriente de viento que había. Caminé en dirección al ascensor y, cuando pasé junto a  mi hermano, me acarició la cabeza.


- Enana. - Me dijo con una sonrisa burlona, aunque se le notaba la tristeza en sus ojos.

- Molesto. - Dije inflando mis mejillas simulando estar enfadada.

- Jeje – Rio él a carcajadas. 

Pasé adentro y mi mamá, que me seguía por detrás, pulsó el botón de la planta baja, para ir a la puerta de la calle. Mientras bajábamos nadie dijo nada, todo el mundo estaba serio además de tristes e inmersos en sus pensamientos. Y así se mantuvo el ambiente hasta llegar al coche.

- Yo delante. - dijo mi hermano.

- ¡¿Qué?!¡Yo quería ir delante! -Dije quejándome a la vez que miraba a madre.

- No Lian. Ya sabes que le toca a tu hermana, la última vez te pusiste tú.

- ¡Ja, gané! - Dije yo poniendo una pose triunfal.

Subimos al coche. Mamá puso la radio, pero nadie decía nada así que me daba vergüenza. El ambiente era más frío y triste de lo normal, así que tampoco era el momento adecuado para cantar en voz alta.

Una vez en casa, dejé el abrigo y el bolso en el colgador de la entrada. Fui directamente a mi habitación, dejé la muñeca al fondo de mi escritorio, me senté en la cama y cogí el móvil. No había podido mirarlo hasta aquel momento, por lo que tenía dos cientos mensajes. La verdad es que no quería leerlos todos ya que estaba exhausta, aunque pareciera lo contrario. Seguramente sería a causa de la pérdida de mi abuela. La mayoría de los mensajes serían sobre ello, preguntas tipo  “¿hay deberes para mañana?” o también “alguien me dice las respuestas del examen de matemáticas” y similares. Ya que no hice público de mi abuela para no interferir en los estudios y mi vida personal o así lo quería mi madre.

Dejé de pensar en ello. Fui al comedor donde encontré a mi madre y a mi hermano viendo la televisión.


- Mamá, hermano, no quiero cenar. Me siento muy cansada y no tengo hambre. -Les dije con cara de pena.  

-Está bien, mi sol, sólo si me prometes que desayunarás mucho mañana por la mañana.

- Vale mamá, te lo prometo. -Dije yo mirando a mi madre a los ojos, los cuales pude notar que estaban llenos de tristeza y carentes de brillo.

Me dirigí hacía mi habitación cerrando la puerta para cambiarme y ponerme mi pijama de conejitos, luego abrí la puerta y apagué la luz. Me acosté en la cama mirando hacia la pared  y, como de costumbre, me costaba mucho dormir aunque estaba muy cansada. Noté que aquella noche era más oscura y silenciosa de lo normal, ya que era temprano. Los vecinos deberían estar discutiendo, pero aquella noche no. Todo estaba en un completo silencio. De un momento a otro me giré y miré en dirección a mi escritorio, en el cual se encontraba la muñeca, porque oí un ruido extraño. Vi que la muñeca se había movido y sonreía de manera siniestra.

- ¿Quieres vivir? – Me preguntó manteniendo aquella expresión sombría.

Me desperté sobresaltada. Había sido una pesadilla. Miré el reloj y eran las ocho de la mañana. Genial, llegaba tarde al instituto.