Asesinato
Me vestí a la velocidad de la luz baje las escaleras saltando aunque casi
me mato. En el comedor había un espléndido desayuno pero yo solo cogí una
tostada porque no me daba tiempo a desayunar.
- ¡Me voy! – Grite al cerrar la puerta
- Demonios llego tardísimo. – Dije en
un susurro para mí misma.
Cuando llegue a clase no me atrevía abrir la puerta, trague saliva y la
abrí por suerte parecía que el profesor aún no había venido.
- Aahh… – Suspire bajando la cabeza relajándome.
Vi un asiento libre así que me disponía sentarme pero una chica morena con
ojos violetas llamada Catalina me dijo:
- No te puedes sentar ahí, recuerda que se sienta Diego.
En su forma de hablar había una cierta arrogancia y cansancio. Sin decir
nada me fui a la parte de atrás en otro asiento vacío. Me desplome en la silla
cansada por no haber dormido bien. Una vez recuperado el ánimo no sabía qué
hacer, me deje el móvil en casa de la prisa que tenía.
Por suerte el timbre sonó en ese instante, aunque todos seguían hablando,
parece que no les importo en absoluto. Pero minutos después un profesor viene y
todos corren a su sitio correspondiente, igual que yo, me sentaba con mi mejor
amiga Celeste. Me pongo recta en la silla, cojo los libros de filosofía y el
estuche de la mochila.
- Buenos días alumnos empecemos con el temario de hoy, abrid el libro por la
página 131, por favor.
Dijo con una voz extremadamente calmada y pausada, para luego girarse coger
una tiza para escribir en la pizarra. Este profesor es de los que escriben lo
que hay en libro y no explica nada. Abrí la libreta por la primera página que
estaba en blanco, abrir el estuche agarrar los bolígrafos azul, negro y rojo
para escribir todo lo que había en la pizarra.
Por fin después de cómo gastar tres páginas de mi libreta se gira, pero
cuando abre la boca para decir algo suena la campana. Enseguida recoge las
cosas y se va, sin decir nada. << Qué
raro. ¿Iría a decir algo antes de irse? >>
Bueno lo deje pasar, porqué otro profesor, que en este caso, es una
profesora muy alegre se puso en frente a mí.
- Leila ¿Verdad? – Pregunto con una sonrisa de oreja a oreja
- Sí – << ¿Es que he hecho algo malo? >>
- ¿Por qué no sacas los libros de catalán?
Me quede sorprendida, observo mi mesa
sigo teniendo el libro de filosofía y la libreta, rápidamente cojo el
libro de lengua catalana y vuelvo a poner el libro de filosofía con su libreta
correspondiente en la mochila.
Esta hora se me paso volando ya que la profesora Abril solo explico un par
de cosas y puso muy pocos ejercicios. Me levante de la silla para recoger la
libreta y el estuche, ya que tenía que darme prisa porque tenía mucha hambre y
alcanzar a Celeste que se me había adelantado.
Cuando estaba en la puerta de mi casa me despedí con la mano hasta que
Celeste se giró para seguir con su camino. Abrí la puerta.
- ¡Hola ya estoy aquí! - <<Parece que no hay nadie, voy a ver si han
dejado alguna nota>>
Me dirigí hacia el comedor encontrando dos
notas:
Hola cariño soy mama voy a llegar tarde
por asuntos del trabajo tu hermano te preparara la comida.
Besos y abrazos
Firmado: Mama
Hola pequeñaja soy tu hermoso hermano
llegaré tarde porqué he quedado con unos amigos te he dejado un taper de comida
en la nevera solo ponlo en el microondas.
PD: NO PONGAS EL TENEDOR DENTRO DEL
MICRONDAS.
Firmado: Tu hermoso hermano
No hacía falta que lo pusiera con mayúsculas eso ya lo sé, no soy una niña
pequeña. Fui hacía la cocina me pegue un susto de muerte, retrocediendo un
paso, casi grito, al ver a la muñeca encima de la encimera, estoy segura que la
puso mi hermano para asustarme. No le di importancia agarre la muñeca y la puse
en mi habitación, donde estaba, bajé como siempre saltando las escaleras esta
vez cayendo bien. Voy hacía la nevera, veo un taper lleno de espaguetis con
salchichas y tomate, me lo como deprisa hago los deberes a la misma velocidad
en la que comí y enseguida cojo el móvil para quedar con Celeste.
El día pasó como siempre. Al día siguiente por la mañana al entrar en clase
veo a todos llorar, tristes, yo desconcertada le pregunte a Catalina:
- ¿Qué ha pasado Catalina? ¿Por qué lloran todos?
- ¿No lo sabes? Celeste a muerto desmembrada anoche, en su casa con su
familia – Dijo llorando
desconsoladamente, tapándose la cara con sus manos.
<< ¿¡Que!? ¡No, no, no puede ser! Si ayer mismo le acompañe hasta su
casa ¿Cómo pude ser? >>
Me derrumbe en un mar de lágrimas cayendo de rodillas al suelo sin todavía
poder creerlo. Después de eso las clases se suspendieron, caminando hacía casa
con mi mirada clavada en el suelo, recordaba una y otra vez lo que pase ayer
con ella, sonriendo y haciendo el burro.
No podía creérmelo, simplemente no podía. Una vez en frente de la puerta de
entrada abrí la puerta intentando contener las lágrimas que me molestan en los
ojos.
- Hola cariño, ya me entere en las noticias lo de tu amiga y su familia ¿Estas bien? – Dijo mi madre con una voz
dulce para tranquilizarme, con la mirada preocupada y camino dirección a mí
dándome un abrazo.
Sin poder decir nada,
llore desconsoladamente con un llanto ahogado, me agarre fuertemente de la
camiseta de mi madre, me sentía triste, impotente por no haberle dicho algo
más, también sentía rabia quería matar al responsable a sangre fría hacerle lo
que le hizo a Celeste, sentía dolor en mi pecho como si me apuñalaban una y
otra vez sin descansó.
Mi madre, se alejó
para terminar el abrazo que duro unos minutos, me fui directamente a mi
habitación tan rápido como un gato que huye del agua. Me desplome en mi cama
quitándome las botas para volver a llorar desconsoladamente, hasta que me
dormí. Cuando desperté veo como la puerta se abre y seguidamente mi hermano.
Sin encender la luz se sentó a un lado mío.
- Hola pequeña – Dijo con su voz tranquila, protectora como si hablase con su
propia hija haciendo el rol de padre.
No dije nada pero el
continuo.
- No te preocupes la policía está trabajando muy duro en este caso.
-Y eso que importa, no volverán ni
ella ni la abuela. – Dije con una voz ronca por haber llorado mucho.
- Es verdad, pero al menos se ara justicia y no matara a nadie más. –Dijo con la
misma forma en que comenzó la conversación.
- ¿Quieres comer algo? – Pregunto, cambiando de tema pero preocupado.
- No – Dije con un hilo de voz.
Se levantó y silenciosamente se dirigió hacia la puerta muy despacio sin
hacer el mismísimo ruido. Sucesivamente los ojos me pesan, los cierro muy
lentamente hundiéndome en un sueño pesado y amargo.