Blanco
Me desperté sudando de golpe. Cuando
vi esa muñeca en la encimera de la cocina, creo que perdí el conocimiento. Ese
pensamiento me puso nerviosa. Aunque quizá no fue demasiado comparado con mi
ataque de nervios cuando intenté levantarme y me vi atada a la cama con esos
cinturones marrones. Marrones, el único color que parecía tener a mi alrededor.
Una habitación blanca, sin ventanas, una cama blanca con sábanas blancas, yo
llevaba una especie de vestido blanco, en la pica de mi lado había un jabón de
manos de color blanco. Su olor me ponía de los nervios.
Conseguí soltarme de una de esas
correas que me contenían sobre la cama, y me levanté. En el suelo había unas
zapatillas blancas poco cómodas. Al levantarme, casi me caigo de nuevo, por un
momento del mareo. ¿Cuánto llevaría en esa cama? ¿Horas? ¿Quizá días? ¿Dónde
estaba siquiera? No reconocía ese lugar.
Dentro de unas botellas blancas en una
mesita, había algo que olía a leche de soja. En ese punto, que no fuera tal
cosa no me importaba, tenía hambre como para comer o beber cualquier cosa. Le
di un trago, no sabía a nada, pero al menos me llenaba. Con algo más de fuerzas
para moverme, empecé a observar mejor mí alrededor. Vale. Calma. Piensa. ¿Qué
es lo más obvio en este lugar? La puerta. Había una puerta con una ventanita
cerrada. Llamé para comprobar si tenía suerte de obtener alguna respuesta de
dónde estaba. Sin respuesta. Respiré profundamente, y volví a probar. Alguien
preguntó desde fuera qué me pasaba.
Estuve unos segundos asimilando la
respuesta que recibí. Me dijeron que me desmayé en algún momento hace poco
tiempo. Mi falta de buen sueño había destrozado mi percepción de paso del
tiempo, así que no sabía qué día, semana, mes o punto del tiempo era. Lo último
que recuerdo es esa “LoliDoll”. Recordé de golpe muchas cosas. Muchas preguntas
de muchos hombres y mujeres con bata blanca y una carpeta y un bolígrafo en
mano, apuntando lo que decía. Recuerdo todo el mundo no escuchando que esa cosa
estaba maldita. Recuerdo que nadie escuchaba que me seguía. Acusaciones de que
eran imaginaciones mías. No me escuchaba nadie. Todos buscaban una forma
racional de explicarlo todo, yo simplemente intentaba deshacerme de esa cosa.
Me desperté sudando de golpe. Cuando
vi esa muñeca en la encimera de la cocina, creo que perdí el conocimiento. Ese
pensamiento me puso nerviosa. Aunque quizá no fue demasiado comparado con mi
ataque de nervios cuando intenté levantarme y me vi atada a la cama con esos
cinturones marrones. Marrones, el único color que parecía tener a mi alrededor.
Una habitación blanca, sin ventanas, una cama blanca con sábanas blancas, yo
llevaba una especie de vestido blanco, en la pica de mi lado había un jabón de
manos de color blanco. Su olor me ponía de los nerv... espera. Algo aquí falla.
Recuerdo ese olor. Recuerdo ese color blanco. ¿Cómo puedo saber soltarme de
cinturones colocados como una camisa de fuerza?
He pasado por esto antes. ¿Cuántas
veces he pasado por esto antes? ¿Qué es un sueño y qué no lo es? Necesito
pensar.
Qué hace esa muñeca en la mesita.
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